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De San Miguel a Lima (1968-1998)

Tres décadas de ministerio diaconal en América Latina y el Caribe

Elementos para una evaluación

 
Diác. José Espinós
Secretario Adjunto de la Subcomisión del
Diaconado Permanente de la CEMIN-CEA
Buenos Aires, Argentina
(Licenciatura Derecho Canónico en preparación)

TEMARIO

 
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I. INTRODUCCIÓN
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II. LA FORMACIÓN DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

1. La formación inicial
2. La formación específica
3. Plan de estudios
4. La formación humano-afectiva
5. La formación intelectual
6. La formación espiritual
7. La formación pastoral
8. Medios sugeridos
9. Requisitos para la formación
10. Los institutos de formación
11. Logros obtenidos en el área formativa
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III. VIDA Y MINISTERIO DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

1. El ministerio diaconal en una sociedad pluralista
2. Los diáconos en la Iglesia de nuestro tiempo
          a. Desconocimiento de la figura del diácono permanente
          b. Los diáconos y la comunidad cristiana
          c. El diaconado permanente en las parroquias
          d. El ministerio diaconal en las áreas pastorales específicas
          e. Presbíteros y diáconos
          f. Los diáconos en la pastoral de conjunto diocesana
          g. El CELAM y las Conferencias Episcopales
3. Los diáconos frente a sus familias y a sus trabajos
4. La formación permanente de los diáconos
5. Evaluaciones sobre el ministerio diaconal
          a. Logros
          b. Dificultades y desafíos
6. Documentos eclesiales
          a. De la Santa Sede
          b. Del CELAM

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INTRODUCCIÓN


El Congreso Continental de Lima sobre Diaconado Permanente está situado de tal manera en la historia del diaconado en América Latina que podríamos considerarlo el elemento de cierre de un período que me animaría a denominar inicial y que, en coincidencia con el cambio de siglo, abre otro, que calificaría de consolidación.

Con este trabajo me propongo presentar los aspectos normativos que aún guardan cierta vigencia, tanto de la formación como de la vida y ministerio de los diáconos permanentes, tomados de las conclusiones a las que arribaron los participantes de los cuatro encuentros continentales sobre el diaconado permanente convocados por el DEVYM del CELAM en estos últimos 30 años. La lectura de este material nos ayudará, seguramente, en la toma de futuras decisiones, frente a los nuevos desafíos. Y esta es la razón del título de este breve artículo: De San Miguel a Lima.

Me limitaré a extraer y comentar brevísimamente lo elaborado en esos encuentros y las expresiones de las Conferencias Episcopales de Medellín, Puebla y Santo Domingo que recepcionaron parte de ese material y lo hicieron propio. No he querido hacer un trabajo comparativo de esta riqueza latinoamericana con la reciente normativa de la Santa Sede (la Ratio y el Directorio) para no hacerlo excesivamente largo.

El material que expondré es fruto del trabajo de muchos hermanos de nuestras Iglesias que, desde su experiencia diaconal, inédita por cierto, nos marcaron un rumbo al que nosotros, aquí en Lima, estamos llamados a profundizar.

Me parece importante subrayar en esta introducción la presencia de un concepto central que está presente en los cuatro encuentros sobre los que trabajaremos: el diaconado permanente es y será rostro y reflejo de la misma Iglesia.

No quiero dejar de mencionar la enorme ayuda que prestaron en su momento otros encuentros subregionales y el primero continental de expertos sobre el diaconado permanente, que también fueron convocados por el CELAM y que, por la misma razón de límite que antes indicara, no los abordaré en esta oportunidad.

Podría englobar la temática de los cuatro encuentros en los siguientes puntos principales: la formación del diácono permanente, su vida y su ministerio.
Espero que, a la luz de esta hermosa herencia de 30 años de ministerio y reflexión sobre el diaconado permanente, podamos avanzar en estos días aquí en Lima, con la formulación de nuevas orientaciones y nuevas líneas de acción, para lograr un nuevo rostro para la Iglesia.

Estos son los encuentros continentales sobre los que trabajaré y que los citaré por la ciudad en que se realizaron:
* I°, San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 10 al 25 de mayo de 1968 
* II°, Manresa-Aibonito, Caguas, Puerto Rico, 19 al 24 de mayo de 1986
* III°, Quito, Ecuador, 8 al 13 de junio de 1992
* IV°, Santafé de Bogotá, Colombia, 30 de noviembre al 3 de diciembre de 1995
 

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II. LA FORMACIÓN DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
Los Obispos latinoamericanos reunidos en Medellín, afirmaron: La formación del clero debe ser instrumento fundamental de renovación de nuestra Iglesia y respuesta a las exigencias religiosas y humanas de nuestro continente (XIII, 1).

La restauración del diaconado permanente y los problemas particulares que plantea hoy la existencia sacerdotal, nos llevan al estudio de la situación actual de la formación del clero (XIII, 2).

El Encuentro de Caguas (en 1986) formulaba una graduación en las etapas de la formación diaconal y las distinguía en: Inicial o General, Específica y Permanente .

Quito introduciría una nueva distinción en la etapa Inicial, de esta manera: Introductoria y formación Básica , y concluía que la formación diaconal ha de abarcar todas las áreas de la personalidad, como la humano-afectiva, la comunitaria, la espiritual, la intelectual y la pastoral. Ha de ser progresiva, global y sistemática .

Pocos meses después, los Obispos reunidos en Santo Domingo expresaban su deseo de acompañar al candidato al diaconado, teniendo en cuenta su condición, desde el discernimiento y la formación inicial hasta la formación permanente (77).

Este Tercer Encuentro constató que la formación diaconal se realizaba en muchos países en un período que va de los 3 a los 5 años, con regímenes de internado en algunas partes. En general, los planes formativos de los candidatos al diaconado permanente incluían jornadas, retiros y acompañamientos personales por parte de los formadores .

El Encuentro de Bogotá, en 1995, dedicado al estudio de la doble sacramentalidad del diácono casado, registró un sostenido aumento en el número de las escuelas de ministerios y la búsqueda de un perfil de diácono permanente que se aproxima al modelo de Cristo Servidor , y advirtió que en la formación diaconal se debe dar mayor fuerza a la formación familiar y pastoral, integrando más a las esposas y promoviendo una reflexión más constante entre los responsables de la formación , para exhortar más adelante que en los aspectos intelectual, espiritual, humano y pastoral, de los programas de formación de los candidatos al diaconado permanente y de sus esposas debería incluirse: 
  1. Un desarrollo de la temática familiar, especialmente la doble sacramentalidad; 
  2. La dimensión misionera de la familia; y 
  3. Que los candidatos sean formados con una conciencia crítica en relación con los acontecimientos y las tendencias del mundo actual .
Este mismo Encuentro recogió el pedido de los presentes, en el sentido de que el DEVYM elabore un programa con los contenidos mínimos para la formación de los diáconos permanentes y algunas orientaciones para el trabajo con las esposas .

1. La formación inicial

La formación inicial tendrá como objetivo principal la capacitación para el servicio ministerial de la Iglesia y no debe constituir un compromiso para la ordenación diaconal. Se trata de preparar servidores del Pueblo de Dios, concluía el Encuentro de Caguas .

2. La formación específica

San Miguel expresaba con claridad que la formación de los futuros candidatos debe corresponder a su nivel, aptitudes y aspiraciones , y hacía una valoración del factor comunitario, llegando a considerar de indispensable la relación de los aspirantes y sus respectivas comunidades, porque éstas, decía una de las conclusiones, deberán contribuir a formarlos .

En ese mismo año de 1968, uno de los Documentos de Medellín, formulaba como propio este concepto de la relación -formación diaconal-comunidad cristiana al expresar: Factor indispensable en la formación del futuro diácono será el recíproco aporte entre éste y la comunidad. Es decir, que el candidato madure su formación actuando en la comunidad y ésta también contribuya a formarlo (XIII, 33, a). Por eso, la primera preocupación de los responsables en la formación de los futuros diáconos, ha de ser la de capacitarlos para crear nuevas comunidades cristianas o alentar las existentes, a fin de que el Misterio de la Iglesia pueda realizarse en ellas con mayor plenitud (XIII, 33, b).

También Caguas recomendaba consultar al párroco, a los familiares del candidato y a la comunidad de origen y/o en la que trabaja apostólicamente antes y durante la formación específica .

Para una mejor apreciación, mostraré ahora otros criterios formativos generales enunciados en los dos primeros Encuentros Continentales sobre el diaconado permanente.


San Miguel, año 1968

* Para su selección es necesario el consentimiento de la comunidad.

* Todos deberán poseer:
- auténtica madurez humana, que se manifiesta en la rectitud de criterio;
- proporcionada madurez en la fe, que se manifiesta en su testimonio de vida y compromiso de caridad;
- probada capacidad de servicio;
- capacidad de perfeccionamiento; 
- adecuado nivel cultural y social, de acuerdo al ambiente al que pertenezcan o al que vayan a trabajar.

* Los casados:
- Su familia habrá de ser armoniosa y abierta a la comunidad humana;
- la esposa, que habrá de prestar su explícito consentimiento para la ordenación de su marido, deberá poseer una madurez similar a la que se exige a él;

Caguas, año 1986

* Deben reunir cualidades en el orden personal y en el comunitario.

* Entre las cualidades personales:
- Humanas:
. madurez;
. equilibrio afectivo y emocional;
. capacidad de liderazgo;
. capacidad intelectual;
. espíritu de equipo.
- Espirituales:
. madurez en la fe;
. sensibilidad y amor especial por los pobres;
. espíritu de oración;
. gran amor a Cristo en la Iglesia;
. espíritu de servicio y apertura pastoral;
- Familiares:
. madurez, armonía y estabilidad matrimonial;
. aprobación y apoyo de la familia.

* Entre las cualidades comunitarias:
- vida espiritual encarnada en la realidad;
- aceptación de la comunidad;
- sociabilidad;
- servicio;
- capacidad de comprensión;
- inserción en una comunidad determinada;
- capacidad económica para mantener a su familia;
- capacidad física y disponibilidad de tiempo para servir a la comunidad;
- capacidad para integrarse en la comunión jerárquica .

El Documento de Puebla confirmó la importancia que San Miguel le asignaba al papel que juega la comunidad en la formación de los candidatos: Tenga la comunidad un papel importante en la cuidadosa selección de los candidatos al diaconado. Que exista la formación adecuada y continua del mismo y una debida preparación de su propia familia, de la comunidad que lo acoge, del presbiterio y de los laicos (716).

3. Plan de estudios

San Miguel propuso dos grupos de materias: las básicas y las complementarias. Es interesante observar los términos con que fueron enunciadas: - Introducción a la Sagrada Biblia, cuidando especialmente su enfoque antropológico; - Síntesis del patrimonio de la fe y de la vida cristiana, partiendo del conocimiento y vivencia del Misterio Pascual y de las exigencias de una inserción de la Iglesia en el mundo de hoy; - Análisis de los documentos conciliares, pontificios y episcopales en materia pastoral, litúrgica y social; - Orientación continua y renovada para el apostolado militante; - Formación antropológica que tenga en cuenta las culturas autóctonas .

Y sugería las siguientes materias complementarias: - Ejercicio práctico de la predicación de la Palabra; - Formación y dinámica de grupos; - Medios de comunicación social; - Relaciones humanas; - Concientización de la comunidad en función del desarrollo integral, en sus dimensiones política, social y económica; - Orientación para la pastoral de la comunidad de base .

El último Encuentro de Bogotá, al abordar la formación de los diáconos, recomendaba: téngase como base un contenido mínimo y común, aunque se deba respetar las diferentes modalidades de formación .

4. La formación humano-afectiva

Caguas señalaba que esta dimensión intenta desarrollar aquellos elementos de orden personal indispensables para una auténtica madurez humano-afectiva, a través de la vivencia comunitaria y familiar, del ejercicio del liderazgo, de la capacidad de expresión y de la comunicación. .

5. La formación intelectual

En Medellín, los Obispos latinoamericanos advirtieron que, dada la diversidad de tareas en que habrá de ejercerse el ministerio diaconal en América Latina, será necesario que la formación intelectual sea a la vez adecuada a las funciones que han de cumplir y al nivel cultural del ambiente (XIII, 33, d).

Caguas advirtió que la formación del diácono permanente no puede reducirse a una simple catequesis más profunda. Tiene necesidad de estudios más amplios y sistemáticos en relación al Misterio de Dios en Cristo y por la Iglesia, y en relación al mundo y al hombre de hoy, para que pueda responder a las exigencias tanto de la comunidad misma cuanto de nuestro tiempo, según el elenco de materias básicas y complementarias que propone cada Conferencia Episcopal en un currículo de tres años (ver CIC, c. 236) y que deben ser pedagógicamente desarrolladas .

6. La formación espiritual

Esta dimensión de la formación fue considerada desde el primer Encuentro. Decía San Miguel: Es necesario suscitar en los candidatos una espiritualidad diaconal propia. Es decir: espíritu de servicio profundo, sentido eclesial, disponibilidad para toda obra buena, espíritu litúrgico, amor a la oración, ejercicio de la obediencia en caridad, valoración del sufrimiento y, en los casados, una auténtica espiritualidad conyugal .

El episcopado latinoamericano, reunido en Medellín, tomó esas palabras del Encuentro de San Miguel para referirse a la espiritualidad diaconal: Es necesario suscitar en los candidatos una espiritualidad diaconal propia, que en los casados se debe conjugar con una auténtica espiritualidad conyugal (XIII, 33, c).

También Caguas se refirió a la espiritualidad del aspirante al advertir que ésta Apartirá de la vivencia de su comunidad en las actividades ordinarias y del año litúrgico .

Esta formación -completaba más adelante- se hará por medio del contacto personal con Dios, de la aceptación de su voluntad y de su Palabra, en el seguimiento de Cristo Servidor, en su trabajo vivido como oración, en la escucha de la Palabra de Dios, en la celebración de la Eucaristía y la frecuencia del Sacramento de la Reconciliación, en la celebración de la Liturgia de las Horas y en la meditación diaria, en el estudio de los grandes temas de la espiritualidad personal de los candidatos y en la vivencia familiar cristiana .

7. La formación pastoral

De acuerdo con las condiciones de la Iglesia en América Latina, en la formación del diácono se cuidará también de capacitarlo en orden a una acción efectiva en los campos de la evangelización y el desarrollo integral (Documentos de Medellín, XIII, e).

El Encuentro de Caguas definía la formación pastoral de los aspirantes al diaconado con estos términos: Comprende el estudio sistemático de materias pastorales, el entrenamiento pastoral y el crecimiento en el celo apostólico .

8. Medios sugeridos

La preparación de un candidato al diaconado, además del cumplimiento con el plan de estudios, requiere de otros medios adecuados y propios de su naturaleza. San Miguel, hace ya 30 años, destacaba la importancia del trabajo y la reflexión en equipo con los presbíteros y los laicos, Aen orden a una mutua complementación .

Sugería que se le asignaran a los candidatos, en forma progresiva y planificada, responsabilidades sujetas a evaluación periódica y que los casados se reúnan periódicamente con sus familias, para lograr un intercambio de ideas y una ayuda mutua .

Para salvar el obstáculo de las grandes extensiones de diócesis y parroquias, el Encuentro de San Miguel sugirió que la formación de los candidatos pueda complementarse con material enviado por correspondencia, como los cursos de formación a distancia, con distribución de boletines periódicos, y por medio de visitas personales por parte de un tutor .

Unos meses después, el CELAM requería en Medellín, respecto al futuro diácono, que Alos métodos de formación habrán de tener en cuenta la psicología del adulto, excluyendo todo tipo de formación masiva y utilizando los métodos activos (XIII, 33, a).

Caguas exhortó a realizar retiros, jornadas de discernimiento y celebraciones propias, dentro de una metodología participativa adecuada .

Más recientemente, Bogotá proponía a los responsables diocesanos organizar encuentros de actualización y formación permanente para los diáconos ; que los diáconos permanentes con mayor capacidad reciban apoyo económico para realizar estudios especializados ; y que el DEVYM edite un video promoviendo la vocación y la formación diaconal y que sea distribuido en toda América Latina .

9. Requisitos para la ordenación

Las conclusiones de los Encuentros Continentales son coincidentes en lo relativo a los pasos previos a tener en cuenta para la ordenación diaconal. El de San Miguel afirmaba que, antes del llamado del Obispo era necesario contar con el parecer de los encargados de la formación, del presbiterio y de la aprobación de los representantes de la comunidad . Luego, fijaba como criterio decisivo para la elección y el llamado del Obispo, la verificación del ejercicio de actividades concretas que se le hayan asignado al candidato .

Caguas insistía en el mismo concepto y pedía, además, que se tenga en cuenta el parecer de la comisión diaconal diocesana .

Con palabras muy similares concluía el Encuentro de Bogotá . Sugería a las Conferencias Episcopales que formulen orientaciones a fin de que en el rito de la ordenación del diácono casado se incluya una renovación de su compromiso matrimonial y que se haga una especial referencia a su esposa .

10. Los institutos de formación

San Miguel recomendaba que en cada diócesis se constituyera un equipo responsable de formación que podría estar integrado por presbíteros, diáconos, religiosos y laicos , es decir, con todos los miembros del Pueblo de Dios idóneos para tal fin.

Y el CELAM completaba en Medellín: Se recomienda que existan en la diócesis, región o país, equipos responsables de formación de los candidatos que podrán estar integrados por presbíteros, diáconos, religiosos y laicos (XIII, f).

Bogotá exhortaba a que los diáconos permanentes participen de la formación de los candidatos como directivos, profesores o animadores de todo el proceso y, constatada la necesidad de un mayor dinamismo en el área formativa, invitaba a las Conferencias Episcopales a promover la creación de escuelas de formación de diáconos , y a favorecer la realización de encuentros de directivos y formadores de diáconos .

11. Logros obtenidos en el área formativa

San Miguel, ya en 1968, recogía algunas de las primeras experiencias tomadas del ámbito formativo de los diáconos permanentes que vale la pena recordar, por tratarse del primer Encuentro Continental, dedicado a diseñar los primeros pasos de este ministerio en nuestras tierras. De acuerdo a lo que manifestaron entonces algunos delegados nacionales, en la selección de candidatos ha prevalecido el criterio de escoger a seglares que han desempeñado funciones diaconales .

Se mencionaba que, como práctica general, se dictaban cursos breves para evitar una larga separación de sus familias y de sus trabajos y que el tiempo de formación duraba alrededor de tres años .

En casi todas las experiencias del ámbito formativo, se dijo del candidato que deberá ser promotor y formador de comunidades cristianas de base y sus funciones no se orientan, en general, hacia la administración de sacramentos. Se dedican, predominantemente, a tareas de promoción humana, evangelización e iniciación cristiana .

Apenas cuatro meses después (setiembre de 1968), el episcopado latinoamericano completaba este concepto: En algunos países de América Latina se adelantan experiencias de formación de diáconos que, por ser tan incipientes, no han alcanzado el suficiente grado de madurez que permita su evaluación. Con todo, se nota que la restauración del diaconado permanente ha surgido teniendo en cuenta determinadas exigencias pastorales. Esto ha dado lugar a una relativa pluralidad de formas en la concepción y preparación de los candidatos a diáconos, de acuerdo con los ambientes (XIII, 3).

San Miguel redondeaba este punto de la siguiente manera: En su apostolado, los candidatos, más que anular las iniciativas y las actividades de los laicos, tratan de poner a toda la comunidad en estado de diaconía y actúan en estrecha coordinación con los párrocos .

El último Encuentro (Bogotá) consideró que, a 30 años del Concilio hay mejor criterio para la selección de los aspirantes al diaconado permanente y más empeño en la formación integral, progresiva y permanente de los propios diáconos. También verificó un sostenido aumento en el número de las escuelas de ministerios y la búsqueda, por parte de los formadores, de un perfil de diácono permanente que se aproxime al modelo de Cristo Servidor .
 

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III. VIDA Y MINISTERIO DE LOS DIÁCONOS PERMANENTES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE


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1. El ministerio diaconal en una sociedad pluralista

Los participantes de San Miguel reconocían que la Iglesia se encuentra en América Latina ante una sociedad cada vez más pluralista, en la que se entremezclan múltiples ideologías y que esta toma de conciencia, lleva a ubicar el ministerio diaconal como un instrumento de renovación de nuestra Iglesia, y como una respuesta del Concilio Vaticano II a las exigencias antes señaladas 

A pesar del marco crítico que caracterizó a este Primer Encuentro Continental, los delegados nacionales advirtieron que el diaconado permanente ha de tener conciencia viva de las exigencias del desarrollo integral y expresar su opción profética decidida por la promoción verdadera de la comunidad humana en que está inserto y que el diácono permanente, ministro jerárquico, mantenga, en el ritmo y estilo de su vida, aquellas cualidades y características que lo insertan naturalmente en la comunidad de los hombres a la que ha de servir .

Respecto a la participación de los diáconos en empresas e instituciones civiles, lo hará como un servicio a la comunidad porque ellos expresan sensiblemente, de una manera peculiar, el carácter diaconal del ministerio jerárquico y, en general, de toda la Iglesia, respecto de la humanidad necesitada y porque el diácono permanente debe ayudar a todos los hombres a adherirse explícitamente a Cristo que vive en su Iglesia. Para lograrlo, es de especial importancia su testimonio personal, concluía el mencionado encuentro .

El Encuentro de Caguas se refirió a las áreas laborales en las que el diácono permanente bien podría brindar un importante aporte, como desempeñar tareas de dirección gremial, de estudio y de crítica de los asuntos que les atañen .

Casi una década después, el Encuentro de Bogotá retomaba y completaba ese concepto al considerar que la actividad del diácono permanente no debe limitarse a los espacios intraeclesiales sino que debe hacerse presente con espíritu misionero en el vasto mundo del trabajo, de la economía, de la política y de la cultura... porque nuestra sociedad, que es pluricultural y secularizada está necesitada de testimonio auténtico y de certeza del mensaje. El diaconado, vivido así, es al mismo tiempo signo del amor a Dios y del amor de Dios al mundo .
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2. Los diáconos en la Iglesia de nuestro tiempo

a. Desconocimiento de la figura del diácono permanente

San Miguel considera imprescindible una previa mentalización de los sacerdotes y de los laicos para que se reconozca el verdadero rol del diácono en la comunidad eclesial. La mayoría de los candidatos se resiste a que se forme de ellos una imagen clerical, en el sentido sociológico de la palabra .

Caguas insistía en la búsqueda de caminos que faciliten una buena recepción de los diáconos permanentes por parte de la comunidad eclesial. Y lo expresaba de esta manera: Se invita a catequizar al pueblo cristiano, con catequesis sistemáticas u ocasionales, sobre el significado de este ministerio diaconal, ya que la experiencia demuestra que lo más conveniente es que la comunidad cristiana lo valore y estime, y presente al candidato al diaconado, con lo que se asegure el apoyo en su formación y su ministerio .

b. Los diáconos y la comunidad cristiana

San Miguel consideraba al diácono permanente como responsable de la comunidad eclesial, a la que debe ayudar a crecer y a dar testimonio como exigencia de fe y de fidelidad al Evangelio, como expresión concreta de la unidad que se realiza y se reclama en la Eucaristía . Reconocía así su liderazgo sobre la comunidad y lo exhortaba a que la comunidad asuma su responsabilidad evangelizadora, de suerte que llegue a ser una comunidad misionera .

El Episcopado Latinoamericano nos diría tiempo después en Santo Domingo que el ministerio ordenado es siempre un servicio a la humanidad en orden al reino (67), porque por su condición de ministro ordenado e inserto en las complejas situaciones humanas, el diácono permanente tiene un amplio campo de servicio en nuestro Continente (76).

Sin embargo, desde un primer momento se entendió que la restauración del diaconado permanente en América Latina traía aparejada una profunda revisión de todos los ministerios eclesiales y que un estudio sobre el diaconado debería integrarse en la reflexión global sobre la renovación de la Iglesia, exigida por la conciencia eclesiológica, fruto del Concilio, y por la realidad propia de nuestro Continente . Y concluía: La renovación de nuestra Iglesia no puede concebirse por sectores separados. Es preciso intentar una renovación global en todas las dimensiones y niveles de la misma .

Por otra parte, este primer Encuentro expresaba que el diaconado permanente es un factor decisivo en la renovación de la Iglesia y una respuesta a la escasez de sacerdotes y al insuficiente dinamismo que se atribuye a la Iglesia en este Continente. Sin embargo, hubo participantes que no mostraron interés y consideraron la restauración del diaconado permanente como un posible obstáculo para una auténtica promoción de los laicos.

El documento concluía advirtiendo que la sola necesidad de celebrar o distribuir algunos sacramentos, no justificaría suficientemente el establecimiento del diaconado permanente o la ordenación de un determinado candidato .

El Documento de Puebla expresaría una década más tarde que el carisma del diácono... tiene gran eficacia para la realización de una Iglesia servidora y pobre que ejerce su función misionera en orden a la liberación integral del hombre (Puebla 697). Su misión y función no se han de medir con criterios meramente pragmáticos, por estas o aquellas acciones que pudieran ser ejercidas por ministros no ordenados (cfr. EN 73) o por cualquier bautizado; ni tampoco sólo como una solución a la escasez numérica de presbíteros (cfr. LG 29) que afecta a América Latina. Su conveniencia se desprende de una contribución eficaz a que la Iglesia cumpla mejor su misión salvífica (cfr. AG 16) por medio de una más adecuada atención a la tarea evangelizadora (Puebla 698). No se trata simplemente de restaurar el diaconado primitivo sino de profundizar en la Tradición de la Iglesia Universal y en las realidades particulares de nuestro Continente (Puebla 699).

La estrecha relación del diácono con su comunidad favorecerá enormemente el nacimiento y el crecimiento eclesial de comunidades de oración, de reflexión y de grupos y movimientos de apostolado, y mediante su propia acción, los vincula jerárquicamente a la Iglesia, concluía el segundo Encuentro .

Puebla recomendaba: Que el diácono se inserte plenamente en la comunidad a la que sirve (715).

Esta imprescindible relación del diácono con su comunidad favorecerá enormemente el nacimiento y el crecimiento eclesial de comunidades de oración, de reflexión y de grupos y movimientos de apostolado, y mediante su propia acción, los vincula jerárquicamente a la Iglesia .

Las Conclusiones de Santo Domingo nos recuerdan que el diácono también es sujeto de la Nueva Evangelización (N1 25).

c. El diaconado permanente en las parroquias

El Encuentro de Caguas es el que consideró más acabadamente la relación diácono-parroquia. Dijo con fuerza que la parroquia es el nivel eclesial ordinario para el ejercicio del ministerio diaconal. En ella, el diácono permanente se desempeñará en el servicio profético, litúrgico y caritativo, según las funciones propias que se le han asignado .

Quizás movidos por la dura realidad de escasez de sacerdotes y lo expresado por el derecho de la Iglesia , los participantes de ese encuentro concluyeron que en circunstancias especiales, el Obispo puede confiar una parroquia vacante al cuidado pastoral de un diácono permanente .

Casi dos décadas antes (en 1968) Medellín advertía que cuando una parroquia no puede ser normalmente atendida o contar con un párroco residente, puede ser confiada a los cuidados de un diácono o de un grupo de religiosos... (XV, 15).


d. El ministerio diaconal en las áreas pastorales específicas

Santo Domingo propuso crear los espacios necesarios para que los diáconos colaboren en la animación de los servicios en la Iglesia, detectando y promoviendo líderes, estimulando la corresponsabilidad de todos para una cultura de la reconciliación y la solidaridad. Hay situaciones y lugares...donde sólo a través del diácono se hace presente un ministro ordenado (77).

En forma simple y precisa, el Encuentro de San Miguel señalaba el protagonismo al que está llamado el diácono permanente en las pastorales específicas. Lo hizo con estas palabras: Es importante su aporte en las siguientes áreas pastorales: en las catequesis prebautismal, de jóvenes, de adultos . En el ámbito litúrgico Apromoverá celebraciones de la Palabra en toda su diversidad y preparará a la comunidad a participar de las celebraciones litúrgicas, especialmente de la Eucaristía .

Este primer Encuentro estimaba que el ámbito del ejercicio del ministerio diaconal no debe limitarse al nivel de una comunidad de base, sino que deberá alcanzar el diocesano, el nacional y el internacional .

Caguas profundizaría aún más en la diversidad de ámbitos en los que los diáconos permanentes están llamados a ejercer su ministerio. Hay que considerar las funciones del diácono permanente en sectores pastorales específicos -dice una de sus conclusiones-, como con los marginados, los obreros, los educadores, los enfermos, los universitarios, las familias, la formación de los futuros diáconos permanentes, como así también en la asistencia social, la pastoral vocacional, etc. .

Decían nuestros Obispos en Santo Domingo: Anos proponemos organizar mejor una pastoral de acompañamiento a presbíteros y diáconos para apoyar a quienes se encuentran en ambientes especialmente difíciles (75).

El último Encuentro (de Bogotá, en 1995) sintetizaba así lo expresado en los dos primeros: Que los miembros de las comunidades diaconales se preparen para trabajar en las instituciones referidas a la familia y a la pastoral social, tanto en las parroquias y las diócesis, cuanto en los organismos pastorales de nivel nacional 

Los Obispos reunidos en Santo Domingo manifestaron su deseo de reconocer a los diáconos permanentes más por lo que son que por lo que hacen y acompañarlos siempre. El importante aporte de los diáconos permanentes a la pastoral de la Iglesia los constituye en colaboradores muy calificados para abordar diversas realidades diocesanas urgentes en nuestras Iglesias particulares (77). 

e. Presbíteros y diáconos

La relación de la figura sacerdotal con la diaconal ha jugado en estas tres décadas un papel preponderante.

El diaconado, don de Dios a la Iglesia, llega a nuestro Continente en un momento de notable escasez de sacerdotes que, sobrepasados de trabajo, asisten con dificultad a comunidades cristianas dispersas y muchas veces distantes.

El tema de la unidad en el ministerio fue considerado siempre de gran interés en todos los Encuentros Continentales. Bogotá proponía en una de sus conclusiones que hay que promover encuentros de presbíteros y diáconos para favorecer lazos de fraternidad entre ellos, en aras de la unidad de la Iglesia 

La estrecha relación que deberá guardar el ejercicio ministerial del diácono permanente con la del Obispo y la del presbítero, contribuirá -dice San Miguel- a la renovación de los ministerios jerárquicos, y los ayudará a realizar más amplia y flexiblemente sus funciones Este concepto lo retomó y amplió Caguas con estas palabras: En todas sus actividades ministeriales, el diácono permanente debe integrarse dentro del plan pastoral diocesano y parroquial, y procurará trabajar en equipo con los párrocos, con los otros presbíteros y con los demás agentes pastorales. Ha de integrarse en los organismos pastorales para los que sea elegido o convocado .

Que el diácono... promueva continuamente la comunión de la misma (comunidad) con el presbítero y el Obispo. Además, respete y fomente los ministerios ejercidos por laicos (Puebla 715).

Es evidente que la figura sacerdotal está estrechamente ligada a la diaconal. De hecho, en casi todas nuestras comunidades, es el sacerdote quien hace el primer discernimiento vocacional del candidato y es quien lo presenta ante el Obispo, lo acompaña a lo largo de su formación y, una vez ordenado, recibe su ayuda ministerial.

San Miguel sugería realizar una motivación sobre el diaconado permanente entre los Obispos, los presbíteros y los seminaristas. Y que en los Seminarios se revalorice la reflexión teológica y pastoral sobre el diaconado permanente. Es importante promover encuentros de diáconos con el presbiterio y con los seminaristas de acuerdo a las circunstancias propias de cada diócesis , concluía.

Debemos reconocer, sin embargo, que la apertura al diaconado permanente en las Iglesias de nuestro continente, se ha debido a la necesidad de cubrir espacios pastorales que los sacerdotes abarcaban.

f. Los diáconos en la pastoral de conjunto diocesana

Es de gran importancia que se realice una coordinación diocesana del ministerio diaconal, a fin de que se integre más fácil y eficazmente en la pastoral de conjunto. Para lograrlo será conveniente su representación en el Consejo Pastoral (S.D.O.) . Esta propuesta formulada por el Encuentro de San Miguel hace treinta años, guarda enorme actualidad.

Ese Encuentro advirtió que el diaconado permanente correrá la misma suerte que logre la implementación de la nueva Evangelización. Y consideró que el éxito de la restauración del diaconado permanente está estrechamente ligado a la renovación de la mentalidad y de las estructuras pastorales de la Iglesia .

Por su parte, Caguas (en 1986) concluyó que es conveniente que la diócesis y la parroquia incluyan dentro de su plan pastoral orgánico lo relativo a la promoción y animación del diaconado .

g. El CELAM y las Conferencias Episcopales

El segundo y el cuarto Encuentro formularon explícitas propuestas dirigidas a las Conferencias Episcopales, tanto a la Latinoamericana cuanto a las nacionales.

En Caguas se observaba la experiencia de diversos países que aconsejaban el establecimiento de programas y comisiones nacionales y diocesanas del diaconado permanente, con participación de diáconos que ayuden, no sólo a la promoción y formación del mismo, sino también a la animación de los diáconos ya ordenados. Las comisiones nacionales serán las encargadas de hacer los contactos con otros países, especialmente con los latinoamericanos .

El diácono permanente necesita del acompañamiento de toda la Iglesia. Su íntima relación con la comunidad cristiana, como se consideró más arriba, lo torna inseparable de ella. Caguas lo expresaba así: La adecuada animación de los diáconos supone que existan facilidades para que ellos puedan encontrarse con regularidad en un plano de oración, estudio y recreación; posibilidades de confraternidad con diáconos de otras diócesis y celebración de su fiesta anual con el Obispo y sus familiares . Esas facilidades no excluyen, ciertamente, el aporte de recursos económicos por parte de la comunidad.

Los Obispos reunidos en Santo Domingo manifestaron su deseo de reconocer a los diáconos permanentes más por lo que son que por lo que hacen y quieren acompañarlos siempre (n1 77).

Bogotá acordó:
* promover la comunicación entre los miembros de las comunidades diaconales y de éstas con las de otras diócesis ;

* pedir al CELAM que:
a) gestione ante el DEFAM (Departamento para la Familia) la inclusión de temas referidos a las familias de los diáconos permanentes .

* pedir al DEVYM que:
a) promueva una profundización teológica sobre el diaconado permanente ;
b) organice encuentros regionales y continentales de diáconos permanentes ;
c) procure que de éstos participen todos los países ;
d) se inviten delegados de otros continentes a los próximos encuentros latinoamericanos .

* solicitar a las Conferencias Episcopales que:
a) promuevan el diaconado permanente como un don del Espíritu Santo que enriquece a la Iglesia de hoy ;
b) elaboren un directorio sobre el diaconado permanente ;
c) generen una reflexión y una formulación del papel del diácono permanente en la nueva evangelización con vistas al tercer milenio ;
d) consideren a los diáconos permanentes como agentes eficaces para llevar adelante la misión evangelizadora de la Iglesia .
e) integren a sus comisiones de trabajo diáconos permanentes, particularmente a la de Vocaciones y Ministerios ;
f) promuevan con igual fuerza las vocaciones al Presbiterado, a la Vida Consagrada y al diaconado permanentes ;
g) impulsen la realización de encuentros regionales y nacionales de diáconos permanentes y sus familias ;
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3. Los diáconos frente a sus familias y a sus trabajos

Caguas, al referirse a la importante relación del diácono con su propia familia, concluyó: de ordinario, el diácono permanente vivirá inserto en la vida común de la sociedad humana, sin abandono de su propio trabajo temporal ni de su familia y, Ael diácono casado hace partícipe del ejercicio de su ministerio a su esposa, con la que comparte el crecimiento en el nuevo ministerio .

Finalmente el Encuentro hizo una valoración de la familia del diácono permanente al afirmar que ésta es fuente de espiritualidad propia. Dentro de ella, el diácono esposo ama a su hogar como Cristo ama a su Iglesia, y la esposa ama a su esposo como la Iglesia ama a Cristo (Cfr. Ef. 5,25) .

Más tarde, los Obispos reunidos en Santo Domingo expresaban su deseo de ayudar a los diáconos casados para que sean fieles a su doble sacramentalidad, y Aque sus esposas e hijos vivan y participen con ellos en la diaconía (77).

El Encuentro de Bogotá profundizaría ese concepto al concluir que: se debe dar mayor fuerza a la formación familiar y pastoral, integrando más a las esposas y promoviendo una reflexión más constante entre los responsables de la formación .

Dicho Encuentro, dedicado a la consideración de la doble sacramentalidad, propuso la realización de convivencias de los diáconos con sus esposas e hijos, para lograr un mayor conocimiento e integración entre los mismos .

En lo relativo a la sustentación económica de los diáconos permanentes, ya el Encuentro de San Miguel, haciendo referencia a las normas del Motu Proprio Sacrum Diaconatus Ordinem (n. 19 a 21), advertía que han de tenerse en cuenta diferentes elementos, como la condición financiera en que se encuentra por el ejercicio de su profesión civil y las peculiares circunstancias de cada región. En todo caso, parece necesario evitar que la sustentación del dp esté ligada a la práctica de estipendios por el culto. Esto exige una reforma global de los medios de sustentación económica de todos los ministros, en las que se busquen formas más evangélicas .

APrevéase la justa remuneración de los diáconos permanentes dedicados completamente al ministerio pastoral (Puebla 717).

Caguas enunció algunas áreas laborales en las que los diáconos permanentes bien podrían brindar una importante ayuda, como la de Adesempeñar tareas de dirección gremial .

Esta importante experiencia laboral de los diáconos permanentes los constituye en colaboradores muy calificados para abordar diversas realidades diocesanas urgentes (SD, 77). 
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4. La formación permanente de los diáconos

En consonancia con las disposiciones de la Iglesia, el Encuentro de San Miguel afirmó con claridad: La formación deberá continuarse después de la ordenación .

Caguas avanzó notablemente sobre esta dimensión de la formación diaconal, precisando que se trata de un proceso que debe ser continuo, progresivo y global (espiritual, humano, teológico y pastoral). Por consiguiente, después de la ordenación, los diáconos permanentes continúan participando de las reuniones, encuentros, retiros y revisiones, a fin de evaluar su experiencia pastoral y de profundizar temas generales y coyunturales .

Luego recomendaba que una comisión especial, integrada también por diáconos, se hiciera cargo de dicha formación. Dicha comisión promoverá, además, el intercambio de experiencias, y propondrá estudios de documentos eclesiales, revisiones de vida, cursos de actualización y retiros espirituales .

No dudó en recomendar que tanto las esposas como los hijos participen activamente de estos encuentros, según sus posibilidades y consideró como un elemento importante de esta formación que el diácono aprenda a resolver las dificultades de su vida ordinaria de esposo, padre y trabajador . E insistió en que se fomente la revisión de vida periódica y sistemática, incluso con la familia de los diáconos; que se constituyan comunidades diaconales u otras formas de reunión para esto; y que es conveniente que cada diácono tenga su director espiritual.

Consideró luego otro aspecto no menos importante en la formación permanente como es el de la relación de los diáconos con los presbíteros y los seminaristas de cursos superiores. Todos deberán sentirse convocados a cooperar en su formación continuada, concluía .

Poco tiempo después, los Obispos reunidos en Santo Domingo promovían un espíritu de unidad y comunión en la formación permanente de obispos, presbíteros y diáconos (n1 69).

El Encuentro de Bogotá calificó a la formación permanente de los diáconos como desafiante . Éstos han de intensificar su propia identidad fundada en Cristo Siervo, cuidando ser coherentes entre su ser y quehacer. Manifestarán la doble sacramentalidad de una manera integral (vida, familia, trabajo, ministerio), buscando un punto de equilibrio entre la atención a la familia, el ministerio y la propia profesión u oficio .

Esta formación requiere de un programa que sea integral, actualizado y personalizado, que le permita al diácono dar respuestas a los nuevos retos que el mundo le plantea a la Iglesia .

Este último Encuentro le asignó a la comunidad diaconal los siguientes roles: a) promover la formación permanente de los diáconos, b) y de sus esposas; c) lograr una preparación para trabajar en la pastoral familiar y social y, d) favorecer encuentros de fraternidad entre presbíteros y diáconos .
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5. Evaluaciones sobre el ministerio diaconal

a. Logros

A muy pocos años del comienzo de las ordenaciones diaconales en el Continente, el Documento de Puebla, en 1979, reconocía los primeros logros.

El diaconado permanente es algo nuevo en nuestras Iglesias. Son bien aceptados en sus comunidades pero el número de ellos es aún muy pequeño (119).

Fenómeno estimulante es el de los diáconos permanentes con su variado ministerio, especialmente en parroquias rurales y campesinas, sin olvidar las Comunidades Eclesiales de Base y otros grupos de fieles (672).

Quito señalaba con cautela que la restauración del diaconado permanente se puso en marcha con mucha esperanza, en forma tentativa y experimental. Reconocía, además, que en la década del 80 no se vieron cumplidas las expectativas y se produjeron algunos fracasos, aunque a partir de los años 90 se viene observando un notable resurgimiento en los diferentes países .

Además, el mismo Encuentro constató que:

- en los últimos cinco años se ha producido un paulatino crecimiento de las vocaciones diaconales, y de un mayor interés por comprender la esencia y la función del diaconado permanente;
- la mayoría de los diáconos permanentes proviene de sectores populares, aunque van aumentando los de los sectores más acomodados y de mayor preparación intelectual;
- se va descubriendo que el diácono es un signo y testimonio claro de la Iglesia servidora, a ejemplo de Cristo Servidor;
- en algunas partes se ha ido pasando de un servicio diaconal más litúrgico a otro más profético y de caridad;
- hay un descubrimiento y valoración de su rol en ambientes vecinales, familiares y laborales;
- algunas Conferencias Episcopales han ido reglamentando temas relativos al diaconado permanente y a su formación, como la preparación de planes de estudio, pero no se ha cristalizado suficientemente en los institutos formativos;
- hay logros en la integración de las esposas de los diáconos permanentes y en su formación. Hay un reconocimiento del importante papel que juegan en el ministerio de sus esposos. Cada vez comprenden más su papel activo y necesario en la formación y en la vida de ellos. Esto se extiende a sus familias;

Pocos años después (en 1995) los participantes del Encuentro de Bogotá testimoniaban que los diáconos permanentes participan de las pastorales ambientales y hay una creciente aceptación y valoración del diaconado permanente por parte de los Obispos, presbíteros y laicos, encontrando el ministerio diaconal un espacio cada vez más grande en la comunidad eclesial .

Observaba, además, que hay mayor comprensión por parte de los diáconos permanentes de su propia vocación y, en el orden familiar, que es sumamente positiva la integración de la familia (esposa e hijos) del diácono en su vocación y en su ministerio. Se realizan encuentros de formación de las esposas y de los hijos. Muchas esposas acompañan a sus maridos diáconos en sus actividades pastorales .

b. Dificultades y desafíos

Las conclusiones de Caguas comenzaban señalando que todavía falta conciencia de que el diácono permanente no ha llegado a la Iglesia para ocupar lugares propios del presbítero o para desplazar a los laicos que desempeñan ministerios que la Iglesia les confía .

Más adelante constataba que algunos obispos y presbíteros no aceptan todavía al diaconado permanente. Es más, en la restauración del diaconado permanente hay muchas tensiones originadas en los presbíteros. Pero también es verdad, concluye, que hay diáconos permanentes que no han asumido su verdadero papel. Como ejemplo de esto señala que hay diócesis cuyos diáconos permanentes se ven reducidos a cumplir funciones meramente litúrgicas .

Quito, por su parte, expuso con claridad los siguientes desafíos:

a) falta suficiente reflexión sobre el papel y esencia del diaconado y hay desconocimiento entre los fieles . Más adelante volvió sobre este concepto: hay necesidad de situar adecuadamente el ministerio diaconal con aportes teológicos y profundizar las relaciones pastorales de los diáconos permanentes con el Obispo, los presbíteros y los laicos .

Este desafío lo había formulado el documento de Puebla hacía más de una década. Lo formulaba de esta manera: Se hace necesaria una profundización teológica sobre la figura del diácono para lograr una mayor aceptación de su ministerio (Puebla 672). Promuévase estudios para profundizar los aspectos teológicos, canónicos y pastorales del diaconado permanente y procúrese la adecuada divulgación de tales estudios (718).

b) hay que centrar la discusión del diaconado sobre su ser. Esta carencia quizás se deba a una mentalidad muy pragmática de nuestra pastoral .

c) el diácono permanente no se preocupará tanto en hacer cosas, cuanto en suscitar nuevos líderes (agentes pastorales) en la Iglesia .

d) se constatan problemas relacionados con el sustento económico de los diáconos .

e) en algunos países falta una opción por el diaconado. Se observa también escasez de escuelas y de docentes para su formación .

Este tercer Encuentro concluía con las siguientes propuestas prácticas:

1. Que las Conferencias Episcopales fomenten la presencia del diácono en la vida eclesial, formándolo y acompañándolo en su trabajo en la Iglesia y en el mundo, teniendo en cuenta su realidad familiar y laboral .

2. Que el DEVYM convoque periódicamente a diáconos permanentes con sus esposas a encuentros continentales y regionales con el fin de favorecer la reflexión acerca de la identidad y la misión del diácono, como así también organizar encuentros y seminarios de formadores de diáconos para perfeccionar criterios y encontrar líneas comunes para su formación .

3. Que la OSLAM promueva la inclusión del tema del diaconado permanente en los planes de estudio de los seminarios .

4. Que las Conferencias Episcopales promuevan la constitución de comisiones nacionales, regionales y diocesanas del diaconado permenente .

5. Que sea creada una instancia que facilite la comunicación interregional e interdiocesana de las comisiones y escuelas de diáconos, (como un boletín, por ejemplo) .

6. Que se constituya un equipo continental de diáconos permanentes que asesore y prepare encuentros de estudio sobre la persona, la formación y la misión del diácono en la Iglesia .

Finalmente, Bogotá, dedicado fundamentalmente a considerar la doble sacramentalidad del diácono permanente, concluía con estos desafíos:

a) Falta una mayor integración del diácono en las pastorales sociales, en el contexto del mundo secularizado .

b) Falta una teología del diaconado más profunda y consistente. Falta profundizar las consecuencias de la doble sacramentalidad en la vida y en la acción pastoral del diácono y su familia .

c) Hay necesidad de estudiar más a fondo el perfil del diácono permanente en su doble sacramentalidad, desde las perspectivas de las ciencias humanas y desde la reflexión teológica en sus diferentes dimensiones .

d) Integrar y apoyar a las esposas y a los hijos en la vida y el ministerio pastoral del diácono. Las esposas y los hijos no siempre son preparados para esta misión. Ha de procurarse que la familia toda acompañe y aliente al diácono en su vocación y misión. Una animación a los hijos, mediante la organización de encuentros entre ellos, resulta prioritaria .

e) Que el DEVYM constituya un equipo permanente de reflexión teológica que abra horizontes, tanto al diácono permanente como a su familia y preste un servicio de animación al diaconado permanente, promoviendo nuevos encuentros, especialmente regionales (respecto a nuestro Continente) .

Este pedido fue respondido por el DEVYM con la convocatoria a la reunión constitutiva del Equipo de Expertos en Diaconado, de nivel continental, celebrada en la sede del CELAM del 23 al 25 de abril de 1997. Los objetivos de ese Encuentro fueron: 1. Conocer por dónde marcha la reflexión teológica y pastoral del Diaconado en la Iglesia, y cuáles son los vacíos más importantes que se pueden detectar; 2. Poner en común las diversas perspectivas de los expertos y tomar el pulso a la realidad del Diaconado en América Latina y el Caribe; y 3. Reflexionar sobre la naturaleza y objetivos del presente Equipo de Expertos y perfilar su trabajo futuro en favor del Diaconado. . 

f) Que las Conferencias Episcopales promuevan una reflexión cada vez más profunda sobre el diaconado permanente mediante sus respectivas Comisiones Episcopales de Ministerios. .

g) Las Iglesias Particulares están llamadas a dar más participación a los diáconos permanentes e incluso a sus esposas, en la pastoral familiar, la pastoral social y en el servicio administrativo .
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6. Documentos eclesiales

Los documentos eclesiales, de la Santa Sede y del CELAM, de necesaria consulta para hacer un estudio o una reflexión sobre el diaconado permanente, desde su restauración en el Concilio Vaticano II hasta el Primer Congreso Latinoamericano sobre Diaconado Permanente, son los siguientes:

a. De la Santa Sede

- Concilio Vaticano II
- Constitución Dogmática Lumen Gentium, 21-11-64
- Constitución Dogmática Sacrosanctum Concilium, 16-02-64
- Decreto Orientalium Ecclesiarum, 21-11-64
- Decreto Ad Gentes, 07-12-65
- Motu Proprio Sacrum Diaconatus Ordinem, Papa Pablo VI, 18-06-67
- Carta Circular de la Congregación para la Educación Católica Come è a Conoscenza, 16-07-69
- Motu Proprio Ad Pascendum, Papa Pablo VI, 15-08-72
- Carta Apostólica Ministeria Quaedam, Papa Pablo VI, 15-08-72
- Código de Derecho Canónico, Papa Juan Pablo II, 27-11-83
- Alocución del Papa Juan Pablo II (sobre el ministerio del diácono), 16-03-85
- Exhortación Apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, Papa Juan Pablo II, 25-03-92
- Catecismo de la Iglesia Católica, 11-10-92
- Catequesis del Santo Padre Juan Pablo II1 en las audiencias generales del 6, 13 y 30-10-93
- Carta Circular de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, (sobre dispensa del c. 1087 del CIC), Prot. N. 263/97, 06-06-97
- Carta Circular de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, (sobre los escrutinios acerca de la idoneidad de los candidatos a las órdenes), Prot. N. 589/97, 24-11-97
- Normas Básicas de la Formación de los Diáconos Permanentes de la Congregación para la Educación Católica, 22-02-98
- Directorio para el Ministerio y la Vida de los Diáconos Permanentes de la Congregación para el Clero, 22-02-98

b. Del CELAM

- Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano
* IIa., Conclusiones de Medellín, 26 de agosto-7 de setiembre de 1968
* IIIa., Documento de Puebla, 27 de enero al 13 de febrero de 1979.
* IVa., Conclusiones de Santo Domingo, 12 al 28 de octubre de 1992

- Primer Congreso Latinoamericano y del Caribe de Diaconado Permanente
* En Lima, Perú, 13 al 16 de agosto de 1998

- Encuentros continentales sobre el diaconado permanente
* I°, San Miguel, Provincia de Buenos Aires, Argentina, 10 al 25 de mayo de 1968
* II°, Manresa-Aibonito, Caguas, Puerto Rico, 19 al 24 de mayo de 1986 
* III°, Quito, Ecuador, 8 al 13 de junio de 1992
* IV°, Santafé de Bogotá, Colombia, 30 de noviembre al 3 de diciembre de 1995