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Ministerios Eclesiales
y Diaconado Permanente |
Apuntes
elementales para la iniciación
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 | PREÁMBULO
Estos apuntes están destinados a brindar un aporte a los que quieren iniciar un Seminario o Escuela, para la formación e institución de LECTORES y ACÓLITOS; y, dado el caso, la ordenación de DIÁCONOS PERMANENTES.
Surgen del Magisterio, la Tradición y la reciente Documentación de la Iglesia, aplicadas con prudencia y fidelidad a sus principios. Creo que son el fruto de una sana experiencia pastoral, la que, a su vez, ha dado el fruto de Ministros y Diáconos Permanentes que hoy están al servicio de sus respectivas Diócesis.
Los lineamientos que expongo y sugerencias que hago, me parecen indispensables desde la formación de un solo Diácono hasta la de un seminario. Pero debo advertir - su nombre "Apuntes" lo dice - que aquí no hay que buscar la doctrina, sino la manera de ponerla en práctica. Se la supone conocida y valorada, desde la Fe y la teología, hasta la urgencia pastoral; según las necesidades de la Comunidad, que tiene en perspectiva el Pastor responsable de su grey.
Sin embargo, quiero señalar en estos apuntes, al menos, la bibliografía imprescindible que es necesario conocer para un emprendimiento serio y responsable, encuadrado en la inspiración bíblica, la tradición patrística, las normas conciliares, canónicas, exhortaciones pontificias, documentos de la Santa Sede y de la C.E.A.
La aplicación y adecuación de la doctrina y sus normas eclesiales, cae bajo la responsabilidad del Obispo Diocesano y sus colaboradores. A éllos les ofrezco estos Apuntes, escritos pensando en quienes quieren dar los primeros pasos, animados por su Caridad Pastoral.
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Bs. As. Julio del 2001,
Mons. Manuel Guirao
Antiguo Obispo de Orán (Salta)
Obispo Emérito de Santiago del Estero

 | INTRODUCCIÓN:
Origen del Diaconado
La institución y ordenación de los Diáconos, su vocación y misión, sus servicios, y los requisitos familiares, sociales y espirituales, independientemente de los Presbíteros, pero en comunión en éllos y con los Obispos, al servicio de las Comunidades, formando parte de la estructura de la Iglesia, está en el Nuevo Testamento y en la Tradición Apostólica.
Así surgen, después, las demás contingencias históricas. Estas afirmaciones son fundamentales y dignas de fe, por su origen, y han de ser tenidas en cuenta y saberlas demostrar, por el compromiso que significan para la Iglesia; particularmente para los responsables de su cuidado, crecimiento y madurez. De ahí que estos apuntes comiencen por referirse al origen bíblico y apostólico de los diáconos.
ORIGEN BÍBLICO DEL DIACONADO
La persona divina, Nuestro Señor Jesucristo, se hizo hombre y vino al mundo, no para ser servido sino para servir. Es el diácono del Padre, al servicio de la humanidad; por obediencia, justicia y amor. Quiso que la Iglesia, por Él fundada, fuera servidora como Él. Quiso que sus Apóstoles y sus Discípulos fueran servidores, asemejándose a Él, y así continuaran la evangelización y construyeran, con su Espíritu, la Iglesia, que, a su vez, estará al servicio de la humanidad.
Esta doctrina enseñada, testimoniada y mandada cumplir por Nuestro Señor Jesucristo es la esencia del Evangelio, y constituye el antecedente sustancial de la Diaconía. Para verificarlo, léase por ejemplo: MAT: 20, 28 y 23, 11.- JUAN: 13, 4 y 15.-
Además, los doce Apóstoles, por unanimidad, llegada la ocasión propicia, inspirados por el Espíritu Santo, consultada la Comunidad de fieles cristianos, se dan a la oración e instituyen, y ordenan, los primeros doce Diáconos, cuyos nombres figuran expresamente en la Sagrada Escritura. HECHOS: 6, 1 - 6.- TIMOTEO: 3, 8 - 9.- FILIPEN: 1, 1.-
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 | CONTINUIDAD PATRÍSTICA DEL DIACONADO
En la Tradición Apostólica podemos verificar cómo cumplen los Diáconos, ordenados por los Apóstoles y crecidos en número, poco a poco, en las primeras comunidades. Cito únicamente los Padres Apostólicos por ser los más antiguos, más notables por su testimonio de santidad, claridad doctrinal y reconocimiento de la Iglesia.
San Clemente de Roma (Año 95 al 98): Tercer sucesor de San Pedro, se refiere a los Diáconos presentes en las celebraciones dominicales, junto al Obispo y que, además, eran enviados a predicar en lugares distantes. Así se expresa en su Carta a los Corintios.- B.A.C.: "Padres Apostólicos", 1965.
San Policarpo de Esmirna (Aprox. año 110): Escribe sobre la presencia de los Diáconos en el culto, la caridad, la predicación y administración de los bienes de la Iglesia, siempre al lado del Obispo y los Presbíteros.- B.A.C.: "Padres Apostólicos", 1965, en su Carta a los Filipenses.
San Ignacio de Antioquia (Aprox. año 110): Su afecto y su doctrina sobre los Diáconos, y su aprecio por los de su tiempo, impactan por el amor y la comunión que tiene con éllos; y exige que la Comunidad tenga los mismos afectos y aprecio para que, así, se evidencie la unidad de la Iglesia en éllos, los Presbíteros y el Obispo. Los ubica en la estructura jerárquica de la Iglesia compartiendo el servicio y la guía de la Iglesia con el Obispo y los presbíteros, integrados con ellos, obedientes a sus indicaciones y acordes con sus sentimientos.
Las Cartas de San Ignacio de Antioquia, como las de San Clemente y San Policarpo, pueden leerse en el tomo "Padres Apostólicos" de la B.A.C.
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 | EL DIACONADO EN LOS CONCILIOS
Aparte del "Concilio Apostólico", en el que se instituyó y ordenó a los primeros Diáconos (Hechos 6, 1 - 6), en la historia de la Iglesia, se ocuparon de los Diáconos los siguientes concilios:
Elvira (Siglo IV) en el que se resolvió que los Diáconos no se casaran para cumplir su misión como el resto del Clero Romano.
Arlés (Siglo IV, año 314): Precisa sus funciones para mantener su identidad, evitando que su cercanía a los Presbíteros y a la Eucaristía no los lleve a consagrar, lo que sería una usurpación.
Trento (Siglo XVI): Solicita la restauración del Diaconado Permanente, por ser un Sacramento, y como tal imprime carácter indeleble, el del Orden Sagrado.
El tema, aunque propuesto y recomendado en varias razones, no llegó a ser tratado.
Vaticano II (Siglo XX): Restaura el Diaconado Permanente y precisa su naturaleza, servicios, espiritualidad y requisitos necesarios para su concepción.
Ver:
Lumen Gentium: Constitución dogmática sobre la Iglesia, en los números 20, 29 y 41. Restauración y Ministerio de los Diáconos.
Dei Verbum: Constitución dogmática sobre la Revelación, en el número 25. Diácono y Sagrada Escritura.
Ad Gentes: Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, en el número 15. Diáconos en las misiones.
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 | DECAIMIENTO
Y RESTAURACIÓN DEL DIACONADO PERMANENTE
El Diaconado, Sacramento, siempre existió en la Iglesia; y nunca desapareció; ni puede desaparecer de élla. Sí, en cambio, tuvo una prolongada crisis, que persistió durante varios siglos, en su permanencia, como grado propio de la Jerarquía; no en su pertenencia al Orden Sagrado.
La consecuencia fue que en la Iglesia siempre hubo diáconos, pero no permanentes, sino de tránsito al Sacerdocio ministerial.
Ésta crisis merece un estudio útil a la Iglesia y necesario para la buena formación de los diáconos; pero sobrepasa los alcances de estos apuntes.
Baste decir, a modo de mención, las causas del decaimiento y las de su restauración.
Causas del decaimiento
Desde el siglo IV, en adelante, se va produciendo un distanciamiento cada vez mayor, entre las celebraciones litúrgicas, eucarísticas y los dones destinados a los pobres.
La ayuda a los pobres queda, poco a poco, en manos de los fieles y de los monasterios; que, en esos tiempos, surgían notablemente.
Se les asignó, en su lugar, tareas administrativas, para las que no siempre estaban bien preparados; ni espiritual, ni intelectualmente.
En el siglo VII, muchos de éllos no sabían escribir y apenas leer.
Los que, sin embargo, tenían tareas administrativas y, a veces, de representación, faltos de instrucción suficiente y poca formación espiritual, aparecieron como jactanciosos, presumidos y amigos del poder.
Todo ésto hizo desaparecer al diaconado permanente, quedando el de tránsito al Sacerdocio. Así, desde el siglo XII, aproximadamente, hasta el siglo XX, en que fue retomado por el Concilio Vaticano II.
Restauración del Diaconado Permanente
Las razones que tuvieron los Padres Conciliares en el Vaticano II, para restaurar el Diaconado Permanente, pueden resumirse así:
La naturaleza del Sacramento del Orden; la experiencia histórica diaconal; y las necesidades pastorales de hoy.
Lo expuesto por el Concilio de Trento, en el siglo XVI, que no fue llevado a la práctica; ni pudo retomarse en el Concilio Vaticano I, por su forzosa interrupción, en el siglo XIX.
La necesidad de avanzar en la participación y comunión de los laicos en el apostolado jerárquico de la Iglesia, de varios modos y diversos carismas; pero, singularmente, restaurando de manera estable y permanente este ministerio, que pertenece a la jerarquía, pero no en orden al Sacerdocio Ministerial Jerárquico, sino al servicio de toda la Comunidad; integrada por Obispos, Sacerdotes y Laicos.
La voluntad de los Padres Conciliares, de establecer este Signo de la Unidad en la Caridad; al servicio de todo el Cuerpo de la Iglesia; Cuerpo de Cristo, Servidor de Dios y de los Hombres.
Ver:
Lumen Gentium: Números 20, 29 y 41.-
Dei Verbum: Número 25.-
Sacrosanctum Concilium: Números 86 y 101.-
Decreto: Función Pastoral de los Obispos, número 15.-
Decreto: Actividad Misionera de la Iglesia, números 15 y 16.-
Decreto: Iglesias Orientales, número 17.-
Restaurado el Diaconado Permanente, Su Santidad Pablo VI, dispuso lo necesario para llevarlo a la práctica. Dió normas sobre los candidatos, directivas para su promoción, orientaciones para su vida espiritual y el rito para su ordenación.
Además instituyó el Lectorado y el Acolitado, tanto como pasos previos al Diaconado, como sacramentales permanentes, conferidos a los laicos, según la vocación de cada uno y la prudencia pastoral en favor de la Comunidad. Para ésto es imprescindible conocer:
Sacrum Diaconatus Ordinem: Carta Apostólica de Pablo VI, 1967.- Normas y orientaciones, necesarias para el Diaconado Permanente.
Pontificalis Romani: Constitución Apostólica de Pablo VI, 1968.- Nuevo rito para ordenación e institución de Ministros.
Ministeria Quaedam y Ad Pascendum: Cartas Apostólicas de Pablo VI, 1972.- Sobre el Lectorado y el Acolitado.
Evangelii Nuntiandi: Exhortación Apostólica, de Pablo VI, 1975.- Hay un punto para el Diácono en la Nueva Evangelización; su palabra y testimonio.
Por su parte, Juan Pablo II, luego de haber sido restablecido el Diaconado, por motivos serios y de haber adquirido experiencias muy diferentes, dice que "el acierto de esta restauración implica selección, formación seria, atención y acompañamiento, a éllos y a sus familiares".
Ver:
Ecclesia in America: Exhortación Apostólica, de Juan Pablo II, número 42.-
El Diaconado Permanente ya está restablecido en casi todas las Diócesis del mundo. En nuestra patria cuenta con éllos la mayoría de las Diócesis; y su número puede verificarse en la Guía Eclesiástica Argentina, del año 2000 (AICA); donde figuran más de cuarenta Diócesis; y suman en conjunto, alrededor de 600 diáconos; que se forman en aproximadamente unos veinte seminarios o escuelas.
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 | MODO DE INICIAR
La formación de Lectores, Acólitos y Diáconos Permanentes, puede iniciarse de modos diferentes.
El modo elegido depende de las reflexiones y consultas que hayan hecho el Pastor y sus Colaboradores, basados en los documentos de la Iglesia y la realidad del lugar, para su aplicación.
El Obispo incluirá la consideración del tema en los diversos organismos de su Iglesia Diocesana. Es tarea de todos para bien de todos. Una pista conducente a ese fin, puede ser la siguiente.
El Obispo cita al Clero, religiosos, religiosas y laicos competentes, a reunirse con él o sus delegados, en forma sucesiva, por separado, para conversar sobre la iniciativa, en sus principales aspectos. Luego llama a una reunión conjunta, evalúa las conclusiones y propone la designación de un equipo que estudie la iniciación del Seminario, su implementación, su factibilidad y constancia.
El resultado será un equipo, capaz y entusiasta, que lleve adelante la iniciativa y la concrete.
Condiciones requeridas
Para que el equipo sea capaz, entusiasta y perseverante, es menester que sus integrantes tengan conocimientos suficientes, limiten su número a pocas personas (a lo más cinco), gocen de buena fama, relación y trato amistoso; y, además, tengan las aptitudes necesarias para el trabajo en equipo.
Verificación de conocimientos
La primer tarea del equipo será:
Verificar sus conocimientos sobre el tema a la luz de la documentación conciliar pontificia y canónica. Son imprescindibles la "Lumen Gentium"; "Ad Pascendum"; "Ministeria Quaedam"; las "Normas Básicas" (Congregación de Educación Católica); y "Directorio para el Ministerio" (Congregación del Clero).
Verificar también sus conocimientos a la luz de los documentos del CELAM:
Medellín: números 464, 430, 496, 326 y 289.-
Puebla: números 664, 1217, 1242 al 1244 y 1260 al 1263.-
Santo Domingo: números 1924, 1931 y 1932.-
Cotejar los conocimientos anteriores comparándolos con las disposiciones de la C.E.A.:
Informes a las Asambleas del Episcopado.
Decretos complementarios de los cánones respectivos del Derecho Canónico.
Programa de Estudios, con las precisiones al canon 236.
Publicaciones de la Comisión Episcopal de Ministerios (CEMIN); antes EESVYM (Equipo Episcopal de Sacerdores, Seminarios y Vocaciones). Solicitarlas a la CEMIN (C.E.A.), Subsecretaría de Ministerios y Diaconado Permanente, calle Suipacha 1032 (CP 1008) Capital Federal.
Prestar atención a los cánones relativos a los Ministerios y Diaconado Permanente; que son diez sobre el Diaconado en general; once sobre la ordenación; y cuatro sobre el Diaconado Permanente; con las precisiones hechas por la C.E.A.. Éstos últimos son: el 230, 236, 2769, 281.
Procurar que, al menos, algunos de los integrantes del equipo, conozcan libros, revistas y artículos publicados, particularmente en nuestro país; como, también las experiencias, relativas al tema; son referentes animadores, iluminadores y valiosos testimonio de factibilidad y utilidad, en esta actualización de la acción pastoral de la Iglesia.
Pongo dos ejemplos: El de Monseñor Carmelo Juan Giaquinta con su "Carta Pastoral" sobre la ordenación de los primeros Diáconos Permanentes, de Posadas (1988); y su exposición en la 72ª Asamblea Plenaria de la C.E.A.: "El Diaconado en la Iglesia de la Argentina" .
El otro ejemplo es el libro de la socióloga Beatriz Balian de Tagtachian: "Los Diáconos Permanentes en la Iglesia Católica Argentina", editado por la UCA.
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 | CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD PASTORAL
La realidad pastoral, donde se quiere iniciar el Seminario, hay que contemplarla en todos sus aspectos y ámbitos. Es necesario saber qué está ocurriendo, en la comunidad, con las creencias, costumbres, celebraciones e influencias religiosas, extrañas a la fe católica. El conocimiento incluye, si quiere ser completo, la Diócesis, las Vicarías, Parroquias, Capillas y Colegios, con sus asociaciones, grupos y movimientos.
Merecen y requieren especial atención las instituciones, las comunidades del campo, y de los barrios; y las llamadas Comunidades Eclesiales de Base o sus equivalentes.
Conviene aprovechar las estadísticas y encuestas ya hechas; pero será oportuno, para esta tarea, darles participación a los agentes de pastoral de cada comunidad. Cada sector aportará lo suyo.
En el diagnóstico hay que ponderar los factores negativos y positivos; de manera que el equipo esté en condiciones de aconsejar y no sólo proponer la forma de iniciar la institución de ministros y diáconos.
SELECCIÓN DEL MODO
Para elegir el modo de formación, más adecuado al conjunto pastoral, conviene tener presente que, dentro de las normas del Magisterio, hay distintas formas de hacerlo.
Lo que la Iglesia busca es la mayor eficacia posible en la formación del sujeto y el servicio a la comunidad.
Se pueden distinguir los siguientes modos:
Modo singular: Cuando al candidato se lo confía a un Sacerdote sabio y prudente, conforme a lo expresamente indicado por S.S. el Papa Pablo VI, en la Exhortación Apostólica Sacrum Diaconatus Ordinem.
Modo parroquial: Cuando un grupo de aspirantes de una parroquia, puesto con conocimiento y autorización del Obispo bajo la responsabilidad del párroco, o su delegado, organizan un instituto que establece y reglamenta programas de estudio, dirección, actos espirituales y prácticas pastorales, combinando espacios y tiempos, donde no hay que olvidar el aspecto económico y financiero. Este modo puede ser interparroquial, cuando varias parroquias se unen entre sí; aportando, cada úna, lo que esté a su alcance; en aspirantes, formadores, recursos espirituales, materiales o también, campos de acción pastoral para las prácticas o generosa colaboración.
Modo vicarial: Es el modo anterior, en el que la vigilancia del Vicario a cargo del Decanato, el compromiso de las parroquias que lo integran y la presencia más cercana de la autoridad episcopal, lo aproximan al modo diocesano; conservando, a la vez, las características propias de la Vicaría.
Modo diocesano: Se dá cuando ha sido erigido por el Obispo Diocesano. Se trata de un Instituto único para la Diócesis; pudiendo tener filiales. El Obispo del lugar, respetando las normas fundamentales del Derecho Canónico, las de los Documentos Pontificios y de la C.E.A., da sus propias normas; adaptando aquéllas a su realidad pastoral y estableciendo otras que, esa misma realidad, requiere de sus pastores y servidores. Las filiales, manteniendo su vinculación con el instituto diocesano, adquieren características propias, en razón de las distancias que las separan o, del marco pastoral, distinto, que lo diferencian, notablemente, uno de otro.
Los contenidos son los mismos, cambiando lo que se impone como accidental. Una reglamentación precisa y clara servirá para moderar las relaciones entre filiales e Instituto Diocesano.
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 | PROGRAMA MÍNIMO DE ESTUDIOS
Sea cual fuere el modo formador adoptado, siempre se requiere un programa mínimo de estudios.
El programa de la Conferencia Episcopal Argentina sirve para inspirar cualquier otro programa.
La C.E.A. dice: "La formación doctrinal que recibirá el candidato comprende un amplio y sólido conocimiento de las disciplinas sagradas; teniendo en cuenta la cultura general adecuada a las necesidades del tiempo y del lugar". (C. 236, 3).
Para adecuar el programa de la C.E.A. a la propia realidad es necesario fundamentarlo en los instrumentos del Magisterio, Culto y Normas de la Santa Sede. Con éllas se planta la base necesaria para un programa eficaz de formación en los Ministerios.
No dudo en calificar y diversificar tales instrumentos, en textos imprescindibles, complementarios y recomendables.
Textos imprescindibles
Son la Biblia, los Documentos del Concilio Vaticano II, el Derecho Canónico, el Ritual Romano de los Sacramentos, la Constitución Apostólica sobre el Misal Romano (Pablo VI), el Leccionario de la Misa (introducción, instrucciones y explicaciones), el Catecismo de la Iglesia Católica, y algunos documentos del CELAM y de la C.E.A..
La Biblia
Al estudiar la Biblia es de rigor que, el programa mínimo, preste atención especial a la Ministerialidad. Ver para ésto en el Antiguo Testamento:
Números 3,5-10: Asistencia de levitas al Sacerdote.
Números 11, 11-12; 11, 14-17; y 11, 24-25: Compartir el peso del servicio del pueblo.
Isaías 61, 13: Llamado a servir en la Evangelización.
Deuteronomio 1, 4-8: Obediencia al llamado de Dios.
En el Nuevo Testamento:
Hechos de los Apóstoles 6, 1-6: Los primeros Diáconos.
Mateo 20, 28; Marcos 10, 45 y Lucas 22, 17: Servir y no ser servido; grande es el que sirve. Juan 13, 14-17: Lavarse los pies unos a otros.
I Corintios 9, 19-23: Todo para todos.
Hebreos 1, 14: Ángeles servidores.
Romanos 12, 3-8: Miembros servidores únos de ótros.
Filipenses 2, 6-9: El se hizo siervo.
Documentos del Concilio Vaticano II y de S.S. Pablo VI
Al incluirlos en el programa mínimo diversificar lo que se refiere a la Pastoral, en general, de lo que trata explícitamente del servicio y la ministerialidad; y, lógicamente, ubicar, dándoles preferencia, a los documentos pontificios, de Pablo VI, que tratan expresamente los ministerios conferidos a los laicos.
Vaticano II: Ver lo dicho antes en El Diaconado en los Concilios (Pág. 6)
Documentos de Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem (1968); Ad Pascendum (1972); Ministeria Quaedam (1972). Se trata de tres cartas apostólicas en las que, en la primera dispone los modos para concretar la restauración del Diaconado Permanente, y en las otras dos cartas suprime el Subdiaconado e instituye los ministerios de Lector y Acólito (Ad Pascendum), y establece las normas relativas a la naturaleza y funciones de estos dos ministerios (Ministeria Quaedam).
Derecho Canónico
Queda al criterio del Obispo Diocesano y su equipo, según la realidad pastoral y destino de los ministros, qué cánones han de ser estudiados y exigidos en el programa.
Sin embargo no pueden faltar nunca aquellos que se refieren expresamente a éllos. Tales cánones son los siguientes:
Canon 230, 1: Edad y condiciones para Lectores y Acólitos.
Canon 236: Formación de los Diáconos Permanentes.
Canon 276: La liturgia de las Horas.
Canon 281 a 288: Cuestiones pecuniarias, negocios , remuneraciones, etc.
Canon 1031 al 1037: Edad, tiempos y otras condiciones requeridas.
Canon 1041, 1042: Impedimentos para el Orden.
Canon 1050: Certificados para constancia.
Ritual Romano de los Sacramentos
Se trata de un texto oficial e imprescindible. En él están las explicaciones e instrucciones necesarias para el ejercicio del Ministerio en el área litúrgica.
Hay notas preliminares a cada Sacramento, al culto eucarístico, al cuidado pastoral de los enfermos y para las exequias. El programa mínimo debe incluirlo; por la doctrina que contiene y por el uso que se le dará en el ejercicio del Ministerio.
Constitución Apostólica Misal Romano
Es la "Missale Romanum", Pablo VI, que, establece el orden del Misal e instruye sobre los detalles y pormenores componentes de la Misa.
Sirve para estudiar la importante y digna celebración de la Eucaristía, su estructura, elementos y partes; oficios y ministerios en élla; diversas formas de celebrarla; la disposición y ornato del templo; los elementos que se requieren; y directivas para la elección de las misas y sus partes.
Sirve de texto para este capítulo de la Liturgia, tanto en lo doctrinal como en lo práctico. Su dominio hará de los Ministros, expertos y devotos servidores del altar.
Introducción al Leccionario de la Misa
Acompaña al anterior y lo complementa. La Comisión Episcopal de Liturgia lo ha editado, junto con el anterior, pudiéndose adquirir en la Oficina del Libro de la C.E.A..
Contiene los principios generales para la palabra de Dios en la Liturgia, particularmente en la misa; los oficios de cada participante y de los ministros en las lecturas; el orden de las mismas, según los tiempos del año; las fiestas y los Santos; con un anexo sobre la distribución de las lecturas, primera y segunda, en los domingos y ferias del año.
Sirve de texto para que los ministros, singularmente el Lector, adquieran la doctrina de la palabra de Dios en la misa, para el uso de los Leccionarios y mejor entendimiento de la gallofa, cuyo calendario litúrgico se confecciona, en gran parte, con este texto. Véanse los Leccionarios en uso con sus introducciones.
Catecismo de la Iglesia Católica
El CATIC sintetiza y coordina las verdades de nuestra Fe; la significación de los Sacramentos, la Moral, la Gracia y la Oración.
La publicación hecha por la Asociación de Editores del Catecismo, trae un ÍNDICE TEMÁTICO muy útil para preparar un programa de conocimientos necesarios a los futuros ministros.
Dejando este trabajo a los responsables de cada lugar, señalo a continuación los números del CATIC donde se refiere expresamente a los ministerios:
Ministros:
Números 875 al 879:Cristo fuente de todo ministerio.
Números 2636 y 2686: Ordenados para guiar a la Oración.
Ministerios:
Números 1120 al 1142: Garantía de la presencia de Cristo, en el ejercicio.
Números 536 y siguientes: El Diaconado es un grado del Sacramento del Orden.
Número 2004: El ministerio tiene su gracia de estado.
Número 2039: Ejercen con espíritu fraterno y no en nombre propio.
Número 2600: Orar antes de ejercer.
Documentos de las congregaciones de la Santa Sede
Ellos son: NORMAS BÁSICAS DE LA FORMACIÓN DE DIÁCONOS PERMANENTES, de la congregación de Educación Católica; y DIRECTORIO PARA EL MINISTERIO Y LA VIDA DE LOS DIACONOS PERMANENTES, de la congregación para el Clero.
Son imprescindibles en cuanto requieren ser conocidos por quienes tienen la responsabilidad de preparar el programa.
Constituyen un preciado subsidio, destinado a las Conferencias Episcopales; pero cada Obispo y su equipo colaborador deben tenerlos muy en cuenta a la hora de la programación requerida como mínima.
Textos complementarios
A los documentos imprescindibles, hay que agregarles los complementarios. Los completan y son también oficiales si se los refiere a las Iglesias Particulares a las que están destinados. Tales son los documentos del CELAM y los de la C.E.A..
Queda librado al discernimiento de los autores del programa, cuáles y qué partes de esos documentos, han de ser incluidos en programa.
Sería un error prescindir de éllos; y un gran acierto encontrar la forma, y la manera, de incluirlos en el acervo de conocimientos y prácticas pastorales de quienes están al servicio de la Iglesia en Latinoamérica y la Argentina.
Al incluirlos en programa conviene prestar atención a aquellos aspectos que afectan puntualmente a su ministerio. En este último sentido, ofrezco la siguiente guía:
Río de Janeiro (1955): Lo precede una Carta Apostólica de Pío XII, a los Obispos Latinoamericanos: ansiedad del Papa, angustia y alarma por la insuficiencia del Clero, y la respuesta de los Obispos al Papa sobre ésa y otras angustias de la Iglesia en Latinoamérica. Es de notar que en esta inicial Conferencia del Episcopado Latinoamericano, todavía no se habían instituido los ministerios ni restaurado el diaconado permanente. Sin embargo el documento clama por un mejor servicio a los fieles; y se crea el C.E.LAM.
Medellín (1968): La numeración es la del texto: "Río de Janeiro, Medellín, Puebla y Santo Domingo" publicado por la Pía Sociedad de San Pablo en Chile, en 1993; y, a continuación, va la mención del capítulo y número de párrafo, correspondiente a la publicación original. (Pía Sociedad de San Pablo, Córdoba, 1969, tercera edición).
326.- (VIII - 4, 4.2) Renovando la Iglesia: Formar diáconos para el ministerio de la palabra.
289 y 496.- (VI - 3, 6. y XV - 3, 1.1) Diaconado para las comunidades marginales y de base.
430 y 431.- (XIII - 1, 1.2 y 1.2.1) Primeras experiencias de diaconado.
464.- (XIII - 3, 3.7.1 al 3.7.6) Orientaciones para la formación del diaconado permanente (referencia importante para la iniciación).
500.- (XV - 3, 3.1.2) Se puede confiar la parroquia a los diáconos.
Puebla (1979): La numeración entre paréntesis es la de la CEA, edición de 1979. La ótra, es la numeración del texto chileno, citado en el documento anterior.
1170.- (625) Diáconos en las comunidades eclesiales y otros servicios.
1217.- (672) El variado ministerio de los diáconos es estimulante.
1242 - 1245.- (697 al 700) Gracia Sacramental propia; espiritualidad eucarística y mariana de los diáconos; y su colaboración con el obispo y el sacerdote.
1260 - 1265.- (715 - 7180) Promover el estudio teológico, canónico y pastoral del diácono.
Santo Domingo (1992): La numeración entre paréntesis es la de Ediciones Paulinas, Bogotá, Colombia, primera edición, 1992. La otra prosigue la edición chilena de los documentos anteriores.
1880.- (25) El diácono según su naturaleza, es con los demás integrantes de la Iglesia, sujeto de la Nueva Evangelización.
1922 al 1924.- (67 al 69) El diácono, en comunión eclesial, para anunciar la palabra, celebrar los sacramentos, y conducir la pastoral, al servicio del Reino, en forma subsidiaria, según derecho canónico y respetando las competencias de cada ministro.
1930 al 1932.- (75 al 77) Los diáconos en ambientes difíciles, acompañados por los obispos; son la forma privilegiada de servir, como Jesús; y tienen un amplio servicio en nuestro continente; con su doble sacramentalidad, matrimonio y orden sagrado; junto con su esposa e hijos; participando en su diaconía.
Documentos de la CEA
El estudio programado de los documentos de la CEA, es competencia de los Pastores del lugar. Para éllo, el criterio primordial ha de ser su aplicación al servicio de su Iglesia particular.
Importa mucho que los ministros se sientan apreciados, y valorados, por los pastores y fieles de su nación y diócesis. Esto se logrará en buena medida, si en su preparación, formación y ejercicio ministerial, se tienen en cuenta y utilizan los documentos de la CEA.
Cada documento tiene su valor; incluso los históricos; por lo que se han de incluir en el programa; al menos, los siguientes:
"Iglesia y Comunidad Nacional"; "Dios, el hombre y la Conciencia"; "Queremos ser Nación"; y otros ; a criterio y forma aconsejada por el obispo diocesano y sus colaboradores.
Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización.
Legislación complementaria al derecho canónico (cf. Apuntes, pág ).
Estructura de la CEMIN (Comisión Episcopal de Ministerios); y sus respectivas publicaciones. (Dir.: 1008.- Suipacha 1034. Ciudad de Buenos Aires).
Textos recomendables
Más que de textos se trata de bibliografía que enriquece a formadores y formandos.
Su lectura se recomienda primordialmente a los responsables de la Escuela o Seminario de Ministros laicales y diaconado permanente. Destacamos los siguientes:
De la Asamblea Plenaria 72ª, IX, 1996:
"El Diaconado en la Iglesia Argentina". Exposición de Mons. Carmelo Juan Giaquinta.
"Una lectura rápida del pasado y el presente del diaconado permanente en Argentina". Diác. José Espinós. Presentación.
"Los Diáconos Permanentes en la Iglesia Católica Argentina: Un nuevo rol en su estructura". Síntesis. (Tesis para el doctorado en Sociología de la Dra. Beatriz Balian de Tagtachian). Este material está fotocopiado y puede solicitarse a la CEMIN, Subcomisión de Diaconado Permanente y Ministerios (1008.- Suipacha 1034. Ciudad de Buenos Aires).
UCA: Ediciones de la Universidad Católica Argentina (1998).
La Universidad Católica publicó no ya la síntesis sino el libro completo de la tesis doctoral de la socióloga Beatriz Balian de Tagtachian, con el título, antes mencionado: "Los Diáconos Permanentes en la Iglesia Católica Argentina: Un nuevo rol en su estructura".
Es un libro muy completo, útil en muchos y variados aspectos del Diaconado Permanente.
Autores de libros y artículos
Libros y artículos, sobre el tema, los hay de Argentina y del extranjero. Su número excede estos apuntes.
De haber interés, consúltese el libro antes mencionado. Al final del texto tiene una "bibliografía"; otra "bibliografía según la fuente" un "índice de cuadros, esquemas gráficos y tablas"; y un "índice analítico". El lector interesado puede hallar allí, abundante información.
Existe, también, un texto elemental para lectores y acólitos, publicado por el CELAM (Devym 20, Bogotá, 1989), con el título "Ministerios Eclesiales"; escrito por el autor de estos apuntes, tras sus experiencias en las diócesis de Orán (Salta) y Santiago del Estero. Puede solicitarse allí, o reimprimirse libremente, en todo o en parte.
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 | GRADUALIDAD DE LOS MINISTERIOS
La legislación canónica exige gradualidad en la colación de los Ministerios. Esto es muy importante. Recoge la primitiva tradición y está llamada a marcar un estilo típico en las actuales escuelas de formación.
La gradualidad ayuda al discernimiento del sujeto y sus formadores, sobre la permanencia en el ministerio recibido o sobre su promoción al siguiente, según las condiciones personales y/o las necesidades de la comunidad. (Cf. Canon 230, 1; y Puebla Nms. 1349 - 1350 (804 - 805)).
En el ejercicio pastoral de cada ministerio se comprueba la genuinidad de la vocación con que ha de ser establemente instituido o caracterizado.
Así, la gradualidad es una exigencia institucional, jurídica, vocacional, eclesial y psicológica. Aquí cabe el ritmo de Dios que no quiere una carrera meramente intelectual, sino vital; con la vitalidad del amor típico de Cristo y su Iglesia servidora.
Es la manera normal de llegar a la madurez ministerial.
IDEAL MINISTERIAL
Al iniciar - o para iniciar - un Seminario o Escuela de Ministerios, sin ser una utopía, sino un objetivo pastoral factible y perfectible, el ideal es contar con la posibilidad de lograr un número suficiente, diversificado y coordinado entre sí, de Ministros Eclesiales. Número suficiente para que no quede grupo sin atender. Diversificado para que las áreas - con sus numerosas variantes - culto, doctrina, caridad, y sus derivaciones - instituciones, asociaciones, movimientos - cuenten con sus servidores estables. Éstos, a su vez, promoverán y animarán al resto del laicado; comprometido con la sacramentalidad de comunión eclesial.
El número de ministros tiene que ser coordinado, en razón de orden, subsidiariedad y funciones de cada úno.
El ideal es que una comunidad viva y misionera, cuente para ayuda del Obispo, Párroco y Sacerdote, con un Diácono, asistido por más de un Acólito; y esté acompañado por algunos Lectores; que distribuidos, como una red capilar, lleguen y lleven la savia de la vid a todos sus sarmientos; para que den frutos y permanezcan unidos.
¿Nos podemos imaginar una Comunidad Católica, servida por un Diácono con Acólitos y Lectores subsidiarios, en cada sector geográfico, para cada área doctrinal, educativa, litúrgica, caritativa, misionera y para cada pastoral específica como la familia, la salud, las exequias? Parece una utopía y es un ideal capaz de realización. Pienso que la influencia de los laicos, insertos en el mundo, por estar más y mejor vinculados con la Iglesia, se haría sentir, celularmente, desde las personas, las familias y sus instituciones. Los laicos, mejor servidos, apreciados y valorados, irradiarían sus virtudes cristianas en la sociedad.
El Obispo, el Párroco y los Sacerdotes aparecerían, entonces en toda su dimensión pastoral y típica sacramentalidad sacerdotal; sirviendo al Pueblo en lo suyo; en lo que sólo éllos pueden dar y los hombres necesitan recibir.
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 | ASPECTOS ECONÓMICOS
Un seminario de Ministerios implica gastos, que van en aumento a medida que crece.
Aquí cabe el plan COMPARTIR. Si en el lugar aún no tiene vigencia este plan, se puede aplicar el mismo espíritu.
El equipo promotor necesita el auxilio de una comisión económica; que busque la participación de los fieles; la de los candidatos y la de la misma escuela, mediante las iniciativas de sus componentes y amigos; dispuestos a dar algo de lo suyo. Quien no puede aportar una cosa, puede aportar ótra: local, material didáctico, luz, movilidad, limpieza, horas de cátedra e insumos de diversa índole; que siempre conllevan tiempo, capacidad intelectual y generosidad. La fe y la experiencia certifican que los recursos necesarios siempre están, cuando se busca de veras el reino de Dios.
SÍNTESIS FINAL
Según estos apuntes, para iniciar un seminario, con su respectiva escuela, haría falta dar los pasos siguientes:
Reunir al Clero, religiosos y laicos representativos y exponerles el tema, dialogarlo. Verificar el aprecio y valoración que hay sobre los ministerios. Considerar las dificultades y procurar superarlas. No temer las expectativas y lograr un moderado optimismo.
Proceder a la formación del Equipo Promotor. Buscarle y ofrecerle colaboradores. Darle tiempo para informarse, recoger experiencias, efectuar consultas. Pedirle que presente un proyecto concreto, vital, aunque imperfecto; adecuado al marco de la realidad local.
Puntualizar en el proyecto los aspectos estructurales, materiales, intelectuales y espirituales que le den la solidez requerida. Para éllo:
Designar un Director, capaz de buen trato, perseverante; y que sepa estar en todo.
Un Secretario Ejecutivo, con iguales condiciones, que ayude a coordinar las tareas.
Un Director Espiritual para todos; es decir, para los actos litúrgicos, lecturas y pláticas espirituales; ejercicios y retiros espirituales; y para promover la dirección espiritual individual.
Un Director de Estudios, para proponer asignaturas, días y horas de clase; y todo lo dispuesto a nivel superior sobre calificaciones y promociones.
Un Responsable Pastoral, para asegurar y controlar dónde, cuándo y cómo se realizarán las prácticas pastorales; y qué relación tendrán con las comunidades y pastores del lugar, los candidatos que las ejercen; para que no sean meras pruebas, sino genuinos servicios eclesiales.
Un Administrador, para la contabilidad, rendición de cuentas, asuntos económicos y financieros. Que sepa trabajar, animado y animando, con el alma y en el espíritu del plan COMPARTIR, entre todos y para todo.
Por último, valga decir que, para estas designaciones, lo mejor será recurrir a la propia Comunidad; seleccionando los más dotados para cada cargo; sean sacerdotes, religiosos o laicos; varones o mujeres.
En esta síntesis, no cabe incluir el caso de los candidatos formados a cargo de un sacerdote, como señala Pablo
VI.
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 | CONCLUSIÓN
Antes de finalizar, expreso mi convicción de que una Comunidad Católica no está bien servida, sin un número proporcional de diáconos permanentes; con sus colaboradores, acólitos y lectores; todos al servicio del pueblo de Dios, fieles y sacerdotes.
Se puede recurrir a los laicos, no instituidos. Pero nunca tendrán la estabilidad y el compromiso de quienes han sido llamados, preparados y enviados, con el Sacramental de la Institución o el Sacramento del Orden al servicio de la Palabra y de la Eucaristía; suministrados, como alimento espiritual, a los fieles, hijos de Dios y familiares Suyos en la Iglesia.
Para terminar, me permito formular estas preguntas:
1.- ¿Hay que promover los ministerios eclesiales, y el diaconado permanente, en nuestra comunidad católica?
2.- ¿Se puede y se debe consultar este tema, con los dirigentes de nuestra comunidad eclesial? ¿Cuáles? ¿Cómo hacerlo?
3.- ¿Valen estos apuntes para empezar, continuar, perfeccionar y perseverar?
Dejo la respuesta a los destinatarios; a quienes deseo el gozo del Espíritu Santo en sus tareas eclesiales, junto con sus colaboradores, puestos al servicio del Reino de Dios.
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"El Reino de Dios no es comida ni bebida,
sino justicia; y paz; y gozo en el Espíritu Santo.
Quien sirve a Cristo, se hace grato
a Dios y aprobado por los hombres".
Romanos 14, 17-18
Mons. Manuel Guirao
Antiguo Obispo de Orán (Salta)
Obispo Emérito de Santiago del Estero
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