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Mi ayuda a los inundados de Goya

Testimonio de Horacio Francisco Altuna 
Experiencias de un diácono en medio
de las graves inundaciones que afectan
gran parte del territorio argentino

Diác. Dr. Horacio Francisco Altuna
Eldorado, Misiones,
11 de mayo de 1998

Todo comenzó el Viernes Santo cuando animaba el Via Crucis, por la calle de un barrio muy pobre de la Parroquia del Espíritu Santo, Eldorado, Misiones. Allí me encontré con mi "Cristo Roto", que nos acompañó unas 6 ó 7 estaciones. Era un pordiosero que no había visto nunca y aunque interrumpía bastante con su verborragia, me impresionó su voz tan linda al cantar y cómo lloraba al escuchar la Palabra de Dios. Fui comprendiendo en ese momento que Cristo Murió en la Cruz con los brazos abiertos para que yo no esté de brazos cruzados.

A esto se sumaba lo que los medios transmitían sobre las inundaciones en el Litoral, en particular en Goya, Provincia de Corriente. Todo esto inquietó mi corazón y decidí ir en ayuda de ese otro "Cristo Roto" que se había inundado.

Desde que soy Diácono Permanente le pido a Dios ser instrumento de su paz. Era consciente que solo no podía hacer nada. Fui entonces al Sagrario, busqué al Señor y, desde entonces, lo llevo conmigo a todas partes. Dialogaba, oraba con Él constantemente, tratando de escucharlo para saber qué me esperaba de mí. Le pedía por mi esposa, que es quien me daría el sí para poder viajar a Goya. Lo conseguí. Lloré como un niño de emoción y alegría. Pero ahora faltaba el sí de mi Director del Hospital. Y el Señor también me lo concedió. De inmediato hice contacto con un sobrino en Corrientes, que es el Ingeniero responsable de la electrificación de esa Provincia. Simplemente me dijo que Goya era un desastre. Apenas dos horas antes de partir pude comunicarme con Mons. Luis Stöckler, Obispo de ese lugar, y me informó lo mismo.

Salí de mi pueblo a la medianoche. Llegué a Goya el domingo 19 de abril poco antes del mediodía. De inmediato, el Obispo me llevó a la radio FM que posee el Obispado donde lo acompañé a bendecir las mesas. Me llevó a almorzar y después me presentó en Caritas Diocesana, donde la Hna. Juana me mandó a recorrer los tres refugios existentes para inundados, que funcionaban en las iglesias, para atender enfermos y darles ánimo.

Después ayudé en el Colegio Santa María a ordenar los medicamentos en la Farmacia del Foro, que llegaban de todas partes. El día lunes ayudé en el Servicio Social de la Municipalidad, visitando los pobres y miserables del Barrio Matadero, albergados en una Capilla. Los revisé, les di ánimo y los bendije.

Así seguía creciendo ese "Cristo Roto" en mi corazón, hasta que logré ubicarme en aquello que buscaba. Fue así cómo me destinaron a Punta Batel, una población a 37 km al sur de Goya, un lugar donde viven 900 almas, aisladas por el agua, con un agente sanitario sin medicamentos, sin ropas y sin alimentos.

Pero la misericordia de Dios es infinita e hizo que, además de nosotros, fueran a ese lugar unas consagradas del Hogar del Peregrino San Francisco de Asís de Bahía Blanca, transportando ellas mismas en un camión 5.000 kg de alimentos, ropas, colchones y medicamentos. Partimos ya de tardecita a través de un camino indescriptible. Nos encajamos, nos sacaron y llegamos hasta donde el agua nos permitió. Continuamos la marcha las personas necesarias en un bote de madera empujado por un pequeño motor y con la ayuda de remos y cañas tacuaras, pero sólo con la carga indispensable. Luego continuamos unos dos kilómetros en una camioneta y llegamos a destino a las 22,30 horas.

Al día siguiente comencé a atender sin parar hasta las cuatro de la tarde, mientras las religiosas, ayudadas por los vecinos, instalaban su Caritas, que en un esfuerzo sin precedentes en ese bote, los grupos y voluntarios correntinos del lugar transportaron las cinco toneladas de mercadería. Al día siguiente, mejor organizados, hicimos una breve celebración, donde bendije a todas las personas y todo lo traído. Y comenzamos a trabajar cada uno en lo suyo hasta la noche, sin parar.

Todos fueron atendidos por mí, inclusive los que debieron volverse ese día, porque se les hacía tarde y difícil para regresar a sus casas. Y como no pudieron venir, dos ancianas de 84 años una y otra de 96, postrada desde hace cuatro años con sillas de ruedas, fuimos nosotros con todo lo que teníamos bajo la lluvia, en coche, en camioneta , en bote y a pie. En total atendí a casi 400 enfermos y le dí la Comunión a la más anciana, que estaba muy lúcida y hacía dos años que un sacerdote le había llevado la Eucaristía. Después de cuatro días, me transportaron en helicóptero de regreso a la Ciudad de Goya , pues no había otra forma de viajar.

Con Caritas Goya visité un albergue y a enfermos costeros (que viven en la orilla del Río Paraná). También trabajé en el mismo Municipio, siempre en misión de médico de cuerpos y almas. Por la noche consideramos que mi servicio -por el momento- era suficiente, de modo que al día siguiente, sábado 25 de abril, regresé a Eldorado.

No quiero poner punto final a esta nota, que quizás haya sido la experiencia más fuerte que tuve con Cristo en mi vida, sin recalcar que el haber dejado campo, familia.... por Él, sentí que Él mismo se encargó de protegerme y cuidar mi salud, pues uno ya a los 61 tiene sus problemas.

Me siento feliz por haber ayudado a Cristo a través de estos hermanos que están en mi Cristo Roto y haber comprendido mejor que El murió en la cruz con los brazos abiertos para que yo no permaneciera con los míos cruzados.

Cristo Resucitó, vive y esta en medio de nosotros. Y Pascua es... todos los días.

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